PRIMERA EXPOSICION
AÑOS LUZ de Eugènia Balcells
Eugènia Balcells (Barcelona, 1943) es una de las pioneras españolas en el uso del vídeo y su adopción como medio y soporte artístico. Es una exposición que mezcla las artes y la ciencia .
También en la película Vislumbrar el Universo nos habla sobre el proceso de la realización y la colaboración con el Observatorio Astrofísico del Roque, donde trabaja con su primo, el astrónomo Marc Balcells, director del Grupo de Telescopios Isaac Newton, nos cuenta en una charla con Eugènia Balcells el proceso de investigación científico, luego también el proceso creativo . Además de la colaboración de las frecuencias emitidas por los cuerpos celestes (el sol, a luna, los planetas..), captadas y transmitidas por la NASA
FRECUENCIAS
Tiene mucho que ver con el de Homenaje a los elementos, en este mural, lo que ha hecho es poner el espectro lumínico de cada elemento, Eugènia Balcells dice que: cada elemento tiene una fibra lumínica que los representa, como un código de barras, y que la luz sería como la voz de la materia.Ello le inspiro para que por medio de la digitalización en el ordenador, de los espectros lumínicos de cada elemento, los juntara y los hiciera metafóricamente bailar, de manera aleatoria , como dice ella: "una danza original de la creación de la realidad y su continuación". En ese baile aleatorio, se puede apreciar en que hay instantes que se para y refleja un elemento de la tabla periódica . Naciendo así su obra FRECUENCIA.
LA TABLA PERIODICA - DAVID JOU
Miradlos:
a la derecha, los gases nobles -en rojo, como los domingos, como los días de
descanso, porque rehúsan combinarse y son tranquilos y ociosos-;
arriba del todo, como dos torres aisladas, el hidrógeno y el helio, los grandes
dominadores del contenido del Universo -quizás fuera más lógico ponerlos como
raíces que como cúpulas, puesto que son: origen, cimiento, raíz celeste-;
debajo de
ellos, seis pisos más y, como dos sótanos, los lantánidos y los actínidos;
en el
sexto piso, las oficinas de la vida -el carbono, el nitrógeno y el oxígeno, tan
fecundos: bosques y atmósferas, energías enterradas-;
en el
quinto -seguimos bajando- toda la arena de las playas y los desiertos -el
silicio- y la sal de todos los mares -el cloro, el sodio y el magnesio-;
en el cuarto
piso, el calcio y el potasio -que con el sodio del quinto fluyen en los nervios
como los sueños- y también, como una puerta infranqueable, el hierro.
A partir
de él, todo se ha formado con violencia, en grandes explosiones de supernovas:
el cobre del cuarto piso, la plata del tercero y, en el segundo, el oro y el
mercurio -fascinantes- y el plomo y el bario, tan densos.
En el
primer piso, la brasa todavía quema: el radio -y el uranio en su sótano-,
radiactivos, como sí quisieran recordarnos el tumulto atronador de su origen.
En el
último sótano predomina el artificio: los átomos son muy breves, un juego de
ingenio que dura el tiempo de ganar un nombre y que se deshace -ya no hacen
ninguna falta: son una fatiga que el mundo no sabe muy bien como soportar.
Miradlos:
aquí, los ladrillos del mundo, puestos en fila en pisos, en estantes,
repitiendo regularmente propiedades, delatando una estructura más profunda,
ya no son materia eterna e inmutable, sino historia en las estrellas, rastros
de tanteos, edificios de niveles y subniveles, nubes de incertidumbres, flores
combinatorias.
Venimos de más allá de estas piezas, vamos no sabemos dónde, pero qué gozo,
¡haber podido comprender detrás de ellas la belleza de una lógica del mundo!








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